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No lo elegiste

Hay un enojo
que no tiene permiso.
Con un padre. Con tu pareja.
A veces hacia arriba.

Y entonces llega una segunda capa:
enojo contigo
por el enojo mismo.
Y esa es la que pesa de verdad.

Pero el primer enojo
no lo elegiste.
Apareció,
antes de que pudieras.

Lo que no se elige
no dice nada de ti.