Mirada de Shabat
Yom Kipur · 10 de Tishrei 5787
¿Qué voto todavía te ata?
El sol todavía no se puso, y la sinagoga ya está llena.
Todos de blanco.
Los rollos de la Torá salen del arca.
Abrazados contra el pecho.
No hay un silencio así en ninguna otra noche del año.
Y entonces el jazán empieza.
Y lo que dice no es una súplica.
No es «ten piedad de nosotros».
No es «perdónanos».
Sino una fórmula legal, seca, en arameo, sobre votos.
«Kol nidré, ve'esaré, ushvué...»
Tres veces.
Con una voz que va creciendo.
Y la mayoría de los que están ahí de pie no recuerdan haber hecho ningún voto este año.
Entonces, ¿qué es exactamente lo que estamos anulando?
En la Torá, las palabras que salen de la boca de una persona tienen fuerza.
«No profanará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca».
Un voto no es una frase cualquiera.
Es un compromiso que una persona asume con palabras.
Lo dijo –
y la frase lo ata.
Pero hay otras palabras.
«Yo soy así».
«Siempre lo arruino».
«Yo ya no voy a cambiar».
«Lo intenté. Esto no es para mí».
«A mí siempre me termina igual».
Las dijimos alguna vez, al final de un día largo,
o después de una caída que no le contamos a nadie.
Nadie nos obligó.
Y a veces ni siquiera las dijimos en voz alta.
Al principio era una frase.
Después se volvió una explicación.
Y al final se volvió identidad.
No la revisamos.
No la cuestionamos.
Simplemente empezamos a vivir según ella.
Y a veces hasta nos protege.
Porque si yo «soy así» –
quedo libre de pelear.
Ya no tengo que volver a intentarlo.
Y quizás por eso,
la noche más sagrada del año
no empieza con una súplica.
Empieza con una anulación.
Antes de «perdónanos».
Antes de «ashamnu».
Nos ponemos de pie y decimos, sobre todo lo que salió de la boca:
«La sherirín vela kayamín».
Nulos y sin efecto.
Y hay también una frase
que dijiste alguna vez sobre ti,
y desde entonces olvidaste
que era solo una frase.
No una sentencia.

Gmar jatimá tová.
Efraim Atia
