Nada que contar
Todo está bien en el papel.
No hay tragedia.
No hay nada que contar.
Y aun así hay un peso.
Y eso confunde,
porque sin motivo
suena a que en verdad
no hay permiso.
Pero el peso no espera
a que lo aprueben.
Ya está sentado ahí
desde la mañana.
El dolor no necesita permiso
para doler.
