Mirada de Shabat
Parashá Ki Tavó · 15 de Elul 5786
¿Qué queda cuando nadie mira?
Él podía
simplemente seguir.
Nadie lo detuvo.
Ni el juez.
Ni el rival.
Incluso en las grabaciones
era difícil ver
qué había pasado.
Un momento antes,
la punta de su palo
había rozado una de las cañas.
Un roce mínimo.
Casi invisible.
Pero Brian Davis,
golfista profesional,
lo sabía.
Solo él.
Y frente a él,
estaba la primera victoria
de su carrera.
Ya estaba adentro
del momento decisivo.
Un golpe más
podía cambiarlo todo.
Podía callar.
Seguir jugando.
Pero Davis se detuvo.
Y llamó al juez.
Él mismo.
La revisión confirmó
lo que él había informado.
Y su primera victoria
se le escapó.
Por un roce mínimo
que casi nadie
podía haber visto.
Excepto él.
¿Entonces por qué se detuvo?
¿Por qué una persona
renuncia a algo
que quiere tanto,
por algo
que nadie más
habría sabido?
Y esa pregunta,
resulta,
no empezó ahí,
en una cancha de golf.
En la parashá de Ki Tavó,
un pueblo entero se para
y proclama en voz alta
sobre actos
que por su naturaleza
son casi imposibles de ver.
El que corre el límite de un campo,
el que desvía a un ciego en el camino,
el que golpea a su prójimo en secreto.
Actos que suceden
donde no hay testigos,
y a veces tampoco hay quien venga
a pedir cuentas.
Y por cada uno de ellos,
un pueblo entero responde:
Amén.
Y es casi algo extraño.
¿Para qué pararse ante un pueblo entero
y proclamar en voz alta
justamente las cosas
que nadie puede
realmente supervisar?
Quizás porque hay cosas
sobre las que no se puede construir
un sistema de vigilancia.
Y en el momento en que nadie mira,
queda otra pregunta:
¿Quiénes somos
cuando no tenemos motivo
para quedar bien?
Porque cuando hay alguien mirando,
estamos ocupados también en la pregunta
de cómo nos verán.
Pero cuando no hay nadie,
la pregunta cambia.
No qué pensarán de mí.
Sino:
¿Quién sé yo que soy?
Porque aun cuando nadie más
vio nuestra elección,
nosotros sabemos.
Y cada elección así
deja algo dentro de nosotros.
Un saber pequeño y silencioso,
sobre quiénes fuimos
en el momento en que
nadie estaba mirando.
Y quizás hay momentos
en los que eso es lo único
que queda frente a nosotros.
No cómo nos vieron.
Sino quiénes supimos
que fuimos.
Shabat Shalom umevoraj.
Que merezcamos, también
en los momentos
que nadie ve,
quedarnos cerca
de quienes somos,
y saber que estuvimos.
Efraim Atia
