Mirada de Shabat
Shabat de Sucot · 15 de Tishrei 5787
¿Cuándo está permitido alegrarse?
Sucot, en un campo de trabajo de la Unión Soviética.
Al fondo del campo, un preso judío vio un montón de paja.
Lo miró otra vez.
Paja.
Guardaba Shabat dentro del campo.
Por eso ya había pasado tres años en prisión cerrada.
Rezaba. Cuidaba las festividades. Todo lo que se podía.
Y había una mitzvá que nunca había logrado cumplir allí:
La sucá.
La paja sirve para el techo de una sucá.
Y si cavaba dentro del montón
hasta poder levantar la cabeza y ver estrellas –
Pero el montón estaba junto a la cerca eléctrica.
Quien se acerca a la cerca es sospechoso de intento de fuga.
Y a quien escapa, le disparan.
Lo sabía. Los guardias lo sabían.
Y el montón seguía ahí.
En la lectura de la festividad, la Torá explica por qué nos sentamos en la sucá:
«Para que sepan sus generaciones que en cabañas hice habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto».
No cuando terminó el viaje.
No cuando ya estaban en su tierra.
Mientras salían.
Todavía en el desierto. Sin casa y sin saber cuánto faltaba.
Y de todo ese viaje
la Torá convirtió en fiesta
justamente las cabañas del camino.
Y sobre esa misma fiesta, en el mismo capítulo, está escrito:
«Y se alegrarán delante de Hashem, su Dios, siete días».
Al caer la tarde,
justo antes de que se encendieran los reflectores de las torres de vigilancia,
corrió.
Se metió en la paja.
Cavó sobre su cabeza hasta ver las estrellas.
Susurró la bendición: «leishev basuká».
Y volvió corriendo.
Unos pocos instantes.
La cerca no se movió. El campo no cambió.
Y aun así, su corazón, escribió después, se llenó de alegría.
Poco tiempo después lo liberaron
y lo expulsaron de la cárcel directo a la Tierra de Israel.
Yosef Mendelevich. Prisionero de Sion.
Once años en prisión
por intentar salir.
¿Y nosotros?
Nosotros también esperamos.
Que alcance el dinero.
Que la casa se calme.
Que pase esta etapa.
Y entonces nos alegraremos.
No hace falta salir del campo para ver las estrellas.
Basta con apartar un poco de paja sobre la cabeza.
¿Qué seguimos esperando que termine antes de permitirnos la alegría?

Shabat shalom y jag saméaj.
Ojalá este año
no solo lleguemos a destino,
sino que sepamos alegrarnos también en el camino.
Efraim Atia
