El telegrama que te enviaste

En cada encuentro con la realidad, se te envía un telegrama interior. Y él decide el próximo paso.
Un fabricante de zapatos llamó a sus dos gerentes. “Vayan más allá del horizonte”, les dijo.
Daniel llegó primero. Vio calles polvorientas, aldeas remotas, y pies descalzos.
El corazón se le cayó al piso.
Mandó un telegrama, seco como el desierto:
“Aquí no hay mercado. Nadie usa zapatos. No hay qué vender. Regreso”.
Esa misma semana Mijael llegó exactamente al mismo lugar. Las mismas calles. Los mismos pies descalzos.
Mandó un telegrama, con los dedos ardiendo:
“Una mina de oro. Nadie usa zapatos. Se puede empezar ahora. Se puede construir”.
Dos hombres. Una misma imagen. Dos mundos.
Uno envió cierre. El otro envió apertura.
¿Y la realidad? Siguió siendo la misma.
Solo una cosa se movió: el ojo 👁️ que la encontró.
Antes de que reaccionaras, ya se envió un telegrama por dentro. O: “no hay chance”. O: “aquí hay un camino”.
La vida no te pide adivinar el futuro. Te pide notar qué telegrama te enviaste a ti mismo en el primer momento.
Que merezcamos elegir la mirada que crea movimiento, y enviarnos hoy un telegrama de comienzo.
Con cariño,
Efraim Atia 👁️
