Nos vemos el uno de septiembre

El gueto de Varsovia. Verano de 1942.
Dentro del gueto funcionaba un gimnasio clandestino. El director de la escuela era el Dr. Natan Eck.
A pesar de la guerra, los niños seguían estudiando. Y al final del año escolar, como cada año, los maestros entregaron los diplomas.
Natan Eck se despidió de los alumnos. Les deseó buenas vacaciones, y dijo: “Nos volveremos a ver aquí, el uno de septiembre.”
Pocas semanas después comenzó la gran deportación. Más de un cuarto de millón de judíos fueron enviados desde el gueto de Varsovia a Treblinka.
La escuela dejó de existir. Los alumnos se dispersaron. La mayoría no sobrevivió.
Llegó el uno de septiembre. Pero nadie volvió al aula.
Natan Eck sobrevivió a la guerra. Emigró a Israel y comenzó a trabajar como historiador en Yad Vashem. Durante años no supo qué había sido de sus alumnos.
Pero un alumno sobrevivió. Se llamaba Abraham Carmi.
En 1954, doce años después de aquella despedida, se topó con un boletín publicado por Yad Vashem. Empezó a hojearlo.
Y entonces vio un nombre que no veía hacía años.
Natan Eck. Su director.
Viajó a Jerusalén, y los dos se reencontraron. Se sentaron juntos y hablaron largo rato. No sobre el gueto. No sobre la guerra. Ni sobre todo lo que se había perdido. Sino sobre sus vidas ahora.
Con doce años de retraso, un alumno llegó.
Con cariño,
Efraim Atia
