La segunda fila

Feldafing, Alemania, septiembre de 1945.
Unos cinco meses después de la liberación de los campos. Miles de sobrevivientes, con platos de lata en las manos, hacen fila para la sopa del ejército estadounidense.
Ese día llega al campo el comandante de las fuerzas aliadas en Europa, el general Dwight Eisenhower.
Entre los sobrevivientes está Rabí Yekutiel Yehudá Halberstam, el Rebe de Klausenburg. Tiene cuarenta años. Su esposa y sus once hijos no volvieron. Él mismo pasó por campos y marchas de la muerte.
Antes de irse, Eisenhower se dirige al Rebe y le pregunta:
—¿Hay algo que pueda hacer por ustedes?
En ese lugar, una pregunta así puede abarcar casi todo. Comida. Documentos. Salir de Alemania.
Y el Rebe pide las cuatro especies.
El lulav, el etrog, los mirtos y los sauces. En cinco días empieza Sucot, y en el campo no hay sobre qué decir la bendición.
Eisenhower da una orden. En pocos días sale de Italia un avión con las cuatro especies rumbo a Feldafing. Llegan justo antes de la fiesta.
En Sucot de ese año, el lulav y el etrog pasan de mano en mano.
Uno dice la bendición.
Después otro.
Y después otro.
Durante cinco meses hicieron fila para recibir.
Ahora hacen fila para bendecir.
Creo en ti,
Rabino Efraim Atia
