
Historias de tzadikim
Ni milagros ni prodigios. Un pequeño momento en el que un gran hombre hizo lo que hizo — y ahí está todo.

Para estar seguro de que perdoné
Un joven le gritó todo el camino al anciano que iba sentado a su lado en el tren. En Vilna descubrió quién era. Pero la historia no terminó con el pedido de perdón — recién empezó ahí.

Una lección sobre cordones
Les enseñó a los niños cómo atarse los zapatos, y lo despidieron por eso. Veinte años después, alguien llamó a su puerta.

Solo me quedó mi nombre
Cada golpe en la puerta hacía saltar a Iosef de la cama. Le habían robado la mercadería, el negocio se vació, y entonces escuchó a los hijos preguntarle a su madre cuándo papá volvería a sonreír.

Dónde empezó esta historia
Diecisiete años esperó un hijo. El médico considerado el mejor de Europa la miró y le dijo: no esperes hijos. Ella aguantó las lágrimas hasta llegar a casa.

El niño que juntaba estampillas
Durante meses, alguien estuvo juntando para ese niño algo que él ni siquiera había pedido. Un día golpearon a la puerta, y su madre casi se queda helada.

Bajo la paja en Auschwitz
Si un nazi hubiera abierto la puerta del establo en ese momento, lo habrían fusilado ahí mismo. El muchacho tenía 16 años, hundido en la paja — y se escondía ahí para ponerse los tefilín.

El "Aní Maamín" del vagón
Una noche negra, un tren a toda marcha, vagones de madera cerrados, y nadie sabe hacia dónde. En un vagón está sentado Reb Azriel David Fastag, jasid de Modzitz, y empieza a entonar una melodía nueva para las palabras Aní Maamín.

El único que no se acercó
Toda la clase viajó a rendir examen con el rabino Steinman, y las preguntas eran fáciles. A mí me preguntó tres veces, y las tres veces no supe. Al final del examen todos se acercaron a recibir un caramelo — y yo me quedé sentado.
