
Cuando cuesta frente al espejo
Nadie te juzga como tú.
Un momento de aquí · Falta de controlJusto hoyDe todos los días
pasó justo hoy.
El día en que más querías,
ser de otra manera.
Hoy está claro
qué había que hacer.
Pero entonces
no estaba claro.
Hay un camino
que no tomaste.
Y a veces,
te preguntas qué habría sido.
Hay un momento,
al que la mente vuelve
una y otra vez,
al mismo lugar.
Es fácil decidir,
pedir perdón.
Más difícil
es imaginar la respuesta.
Te sentaste a hacer un balance.
Y abriste una página nueva.
Y ya desde el primer renglón
todo te resulta conocido.
En tu cabeza ya está lista
una película entera.
De cómo se vería,
si lo contaras.
La gente te aprecia.
Lo dicen en voz alta.
Y te llega
a través de una pantalla.
Recordar qué contaste a quién.
Revisar cada frase,
antes de que salga.
Estar alerta hasta en el descanso.
Después de que termina
llega una ola
de vergüenza.
Y detrás una promesa grande.
De mañana
la decisión está clarísima.
De noche
ya no está en el cuarto.
Pasó otra vez.
Y después otra vez.
Y cada vez
el mismo final.
Alguien recibió
lo que querías.
Y algo por dentro
se encogió.
De la envidia hay más vergüenza
que de cualquier otra emoción.
Por eso casi nunca
se la mira.
En el grupo de la familia
una buena noticia.
De un hermano.
Y escribiste «felicidades» rápido.
Alguien dijo una frase sobre ti.
A una edad
en la que aún no sabías
comprobar si era cierta.
La culpa dice:
hice algo malo.
La vergüenza dice otra cosa:
esto soy yo.
Hay algo
que no le has contado a nadie.
Y cuando alguien se acerca,
cambias de tema.
Cuentas las veces
que perdiste la paciencia.
Y no cuentas
las otras.
Pediste perdón.
Reparaste lo que se podía.
Y la noche, todavía
viene de visita.
«Tendría que haber llamado».
«Tendría que haber notado».
«Tendría que haber sabido».
Y vuelve de noche.
